lunes, 6 de julio de 2026

A Bambi le gusta ser amable

¡Es tan grande y contagiosa su alegría al ver mis preparativos previos a sus paseos! Y cuando vamos saliendo hacia el portón… ¡qué maravilla de inocencia su expresión corporal, sus saltos, ladridos y empujones! ¡Me recuerda aquella frase de un tango “la vida le ríe y baila”! Y salimos al barrio, al querido Balneario Las Toscas, a oler cada pastito y piedra. Bambi hace amistad con los leñadores que hace días están talando en uno de los terrenos vecinos. La rudeza de su tarea contrasta con la amabilidad que demuestran a Bambi al convidarla con unos trocitos de fruta, gesto que ganó la simpatía perruna. En cada salida, ella pasa a saludarlos; a veces no están ya, pero ella espera un ratito ante el portón cerrado… Intento copiar su estilo y nunca olvidar a la gente amable que se cruza en mi camino. Y también veo que vale la pena ser amable, para ganar la simpatía de quienes, al igual que Bambi, aprecian la gentileza. Pero, a condición de ser auténtica además de amable. (Como Bambi)

domingo, 28 de junio de 2026

Pasear con Bambi

Pasear a Bambi (o, mejor dicho, con Bambi) me ha dado una nueva perspectiva de la vida en Las Toscas. Hace más de 50 años que tenemos esa casa familiar; hemos disfrutado de ella en los veranos en que mis hijas se criaban, he vivido en ella diferentes etapas, y ahora vivo en la casita contigua. Es decir, soy vieja vecina del barrio; sin embargo, hasta hace un par de meses conocía solamente a mis vecinas Rinita y a Pilar, (vecinas aún de más tiempo que yo en la zona), y al vecino Daniel y su familia, pegados a nuestro terreno por la calle 8. Digo hasta hace un par de meses, porque fue entonces que empecé a salir con Bambi, perra enorme, mansa y buena, a dar pequeños paseos; primero hasta la esquina a tirar la basura en el contenedor, después, al ver que se portaba bien y obedecía, comencé a llevarla a paseos más largos. Prefiero las calles tranquilas para no tener que llevarla atada. Solamente le pongo la correa para el cruce de las calles más transitadas. Y empecé a ver, y a saber, que había muchas otras casas en la cuadra en la que vivo; casas con habitantes, gente de diferentes edades, casi todos con perros en sus jardines. Esa cuadra que se me presentaba como una única sucesión borrosa de cercos cuando pasaba en bicicleta a hacer un mandado, ahora me ladraba con distintos tonos y diferentes grados de urgencias, desde otros tantos puntos que ahora sí, reconocía disímiles, con su portón peculiar, su cerco con o sin flores, algunas con nombres, en fin. Ante mí, los matices que, antes de Bambi, no había sabido ver. Me encanta dar los buenos días a la gente con la que me cruzo, de modo que de a poco he ido reconociendo a algunas personas y después de 2 o 3 “buenos días” tal vez surja algún comentario, generalmente sobre Bambi, sobre el tiempo, sobre los pozos de la calle, en fin, banales comentarios que trazan el sendero para que los vínculos transiten. Ahora ya conozco al dueño de un mastín muy grande que sale atado, y de un peludito pequeño que va suelto. Ese señor también alimenta a un perro que anda en la vuelta, también sale a trotar y anda en bicicleta. Conocí a una señora que iba al BPS a ver si le había salido la jubilación y vive en una casa amarilla con su hijo. Ella teje a mano y se defiende ya que está sin empleo. Conocí a una joven señora mamá de una niña escolar. Las vi en una motito yendo a la escuela, la niña con su túnica y moña: Vi que iban hacia Atlántida. Como mi hija es maestra en esa escuela y va en auto a la misma hora, le pregunté si podía darle el contacto por si un día llovía, para que no tuviera que ir en la moto. Así se hizo. Y por supuesto que ya he charlado varias veces con la amable señora que camina con su bastón hasta la rambla, y vive en la misma cuadra, persona mayor al igual que yo. Estas personas son nuevas para mí. Yo, voy juntando esos datos como quien compone un álbum de figuritas. Y siento que a medida que voy haciéndome consciente de sus identidades, se va formando una trama rica y nutricia en la que, hasta hace poco era la lisa y llana textura de mi barrio y de mi cuadra. ¡Gracias, Bambi!

A Bambi le gusta ser amable

¡Es tan grande y contagiosa su alegría al ver mis preparativos previos a sus paseos! Y cuando vamos saliendo hacia el portón… ¡qué maravil...